
Nunca olvidare la mañana en que me despedí de ti para irme a mi trabajo, tus canas plateadas, tu sonrisa de cristal, tu mirada dulce, y la ternura de tu vos, aquel bolero que se escapaba de tú boca todos los días, aquellas canciones que invadían cada lugar de la casa, tu silla bajo el mango, y tú en mi corazón, la llamada que llego a decir que estabas mal, y la noticia de que no, volvería a verte jamás, aquel mes de julio en que yo nací y en el que tú partiste, aquel día en el hospital esperándote, pero esta vez no para verte sonreír sino para verme llorar, vi. Cada instante de tu ida, el momento en que cerré tus ojos, y abrace tu cuerpo frió, para decirte en el oído ¡me escuchas papá! Y esperar que no me respondías, aquel dolor en mi corazón porque ya no estabas ya tenias que partir, aquellas flores cortadas de aquel jardín que tu sembraste, y acostado, no en tu cama ,si no en ese cajón, aquel pedazo de estrofa que cante viendo tus ojos cerrados donde te decía, “debo decirle adiós a los muchachos porque pronto me voy para la guerra y aunque vaya a pelear en otras tierras… yo ya me despedí de mi adorada, y le pedí por Dios que nunca llore que recuerde por siempre mis amores que yo de ella nunca me olvidare” esa que siempre cantabas, esa noche sentía como en dúo conmigo cantabas necesito olvidar para poder vivir, y es precisamente lo que después necesite, aquel momento en que te acompañe pero ya no a pasear sino a la iglesia y luego a esa morada fría, escribí tu nombre en ese espacio con las iniciales Q.P.D. Hoy y aun recordando todo eso me queda tus lecciones y tus instrucciones y la cautela y la responsabilidad con que se debe vivir. En memoria de mi padre.
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